Dios busca adoradores en espíritu y en verdad..

 El sencillo y profundo acto de adorar, encierra toda una sencilla y profunda expresión del hombre hacia Dios. De alguna manera, así como cuando consideramos todos los detalles, sombras, símbolos y figuras del Antiguo Testamento que señalan a Cristo con todo detalle provechoso para un mayor entendimiento de Él; también podemos ver en la adoración que se ofrecía en Jerusalén, matices importantes y determinantes de como ha de ser nuestra adoración hacia Dios. Sabemos que la adoración en Jerusalén se representaba en el gesto físico de postrarse de rodillas en los atrios del Templo, o de tumbarse de cara al suelo. Sin embargo este gesto representa una sumisión y obediencia, un temor y reverencia, un amor y acción de gracias, un reconocimiento de la Majestad y el Señorío de Dios sobre la vida del adorador. Todo encerrado en la expresión corporal de arrodillarse y dirigirse a Dios. No obstante es de imaginar en muchos, una adoración tal vez fingida. Que recoge el simple hecho de ir y estar, de cumplir con ese gesto en los atrios del Templo, y conformarse al mero cumplimiento presencial. No pretendo decir que fuese así siempre, pero me imagino que así como con los sacrificios muchos se holgaron para obedecer a Dios, con la adoración en el Templo pasara algo semejante.

  Por otro lado, la expresión de la adoración se limitaba a un lugar: el Templo. En la conversación de Jesús con la mujer samaritana, vemos que la adoración se rendía – aunque realmente habían dos lugares – sólo uno de ellos era el establecido por Dios. Unos iban al monte y otros al lugar de adoración: Jerusalén. De esta manera Dios aisló el acto de la adoración, para que hoy lo contempláramos detalladamente, y lo veamos por separado a fin de analizarlo meticulosamente. Y esto le da a la adoración un grado de suma importancia. Dios excluyó la adoración a un lugar, porque hoy hay un solo lugar donde esta debe acontecer: el Templo de Dios. “..porque vosotros sois el templo del Dios viviente.. ” 2Co 6:16. Cuando el Señor dijo que los verdaderos adoradores, adorarían “ en espíritu”, no cambió las pautas de adoración, cambió el Templo de lugar y la expresión física – símbolo de todos sus matices – a una realidad espiritual. De esta forma, no hay límite de horas, ni barreras geográficas, ni fronteras posibles, ni espacios excluidos a nuestra adoración a Dios Padre. Dios ha hecho de nosotros el Templo del Dios viviente, donde debemos adorarle postrados ante su voluntad, ante su palabra, ante Él en todo tiempo. Pero no sólo en espíritu, también “..en verdad..” ¿Que es verdad? Exclamó Pilato. El cristiano responde rápidamente a esta pregunta, como quien responde la pregunta mas difícil del mundo, mostrando toda precipitada sencillez, diciendo “Esa pregunta es muy fácil: la Palabra de Dios es la verdad” ¡Respuesta correcta! Nuestra adoración pues, debe ser en espíritu: en la parte mas profunda de nuestro ser, donde no podemos engañarnos, donde sólo Dios ve. Es en ese lugar íntimo y secreto donde nace la adoración, y en consecuencia brota hacia afuera mostrando fruto por si sola. Pero ha de conformarse a la Palabra de Dios. Ha de humillarse ante su Palabra, y recibirla con mansedumbre con la máxima disposición, para ponerla por obra. Un entendimiento claro, y cada vez mas profundo de la adoración, nos llevará a una vida  llena en el Espíritu. Cuando me imagino un espíritu adorador dispuesto a obedecer, y que va creciendo en el conocimiento de la verdad; veo la inmediata consecuencia de la plenitud del Espíritu. Este espíritu adorador, está contemplando a Dios en todo momento, y sumiso a su consejo, a sus mandamientos y ordenanzas; examinándose a fin de despojarse de aquello que no agrada a Dios, esforzándose en la lucha contra la carne, agradecido por la victoria ya consumada y recibida por gracia, pero diligente en cuanto a la carrera que tiene por delante, hacia el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Una vida llena de fruto para Dios, dentro de una pequeña rama injertada en el Gran Árbol.

 Lo triste es que hemos convertido la adoración bíblica en: 

 -“En Espíritu”: Cantar de todo corazón. 

 -“En verdad”: Sinceridad a la hora de cantar lo que nos da la gana, siempre y cuando digamos cosas bonitas.
 
 
  Por esto la adoración, a día de hoy, requiere de arrepentirnos de nuestros métodos, y también del haber acudido a ellos. Requiere de clamar a Dios por su gracia, para buscar en su Palabra como quiere que le adoremos, y para que nos de una verdadera adoración, digna de Él. Ya que tales adoradores son los que el Padre quiere.
About these ads
Esta entrada fue publicada en Adoradores y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s